Un equipo de la Universidad de Massachusetts Amherst ha creado la primera neurona artificial capaz de aprender, dispararse y responder a señales químicas y eléctricas exactamente como lo haría una neurona natural. El corazón de esta neurona sintética es un memristor fabricado con nanohilos de proteína de la bacteria Geobacter sulfurreducens, lo que reduce al mínimo el voltaje necesario para que la célula artificial funcione, apenas 60 milivoltios y 1,7 nanoamperios. La neurona artificial puede interactuar con sistemas vivos, como células cardíacas humanas en cultivo, y responder a neurotransmisores y fármacos. Esto abre posibilidades en computación más eficiente, medicina regenerativa y neurológica, y podría revolucionar las interfaces cerebro-ordenador y crear biosensores de altísima precisión. El autor principal del estudio, Jun Yao, destaca que la clave es que el circuito electrónico puede comunicarse con el lenguaje químico y eléctrico de la biología sin gastar energía en exceso.