Un equipo de la Universidad Keio y del Observatorio Astronómico Nacional de Japón utilizó el radiotelescopio ALMA en el desierto de Atacama para medir la temperatura del universo primitivo, hace 6.500 millones de años. La medición más precisa hasta la fecha confirma que el enfriamiento del cosmos ocurrió según las leyes de la física moderna, reduciendo un 40% la incertidumbre de estudios anteriores. La radiación cósmica de fondo, un débil resplandor que recorre el espacio desde los primeros instantes del universo, es el eco térmico del Big Bang. Los científicos analizaron la luz de un cuásar lejano llamado PKS 1830–211, que viajó durante miles de millones de años hasta llegar a la Tierra, y atravesó una galaxia intermedia llena de nubes de gas. La temperatura del espacio en ese momento fue de 5,14 kelvins, frente a los 2,73 K actuales. El estudio abre la posibilidad de extender estas mediciones a galaxias más distantes, ofreciendo un mapa térmico detallado del universo a lo largo de su evolución. El astrofísico Tatsuya Kotani lideró el proyecto, que aplicó métodos estadísticos avanzados para eliminar errores instrumentales y fluctuaciones aleatorias.