China ha logrado alimentar su base en la Antártida con energía solar y eólica, un lugar considerado el más oscuro y frío del mundo. El ingeniero eléctrico Sun Hongbin recibió la misión de construir un sistema de energía renovable capaz de soportar las condiciones extremas de la Tierra. El resultado, que costó 14 millones de dólares, es una proeza tecnológica que otros países con bases en la Antártida quieren imitar. La base de la Antártida, llamada Qinling, funciona con un sistema integrado de viento, sol, hidrógeno y baterías, que tiene una capacidad total de 230 kW, lo que supone el 60% de la generación total de la base. El sistema utiliza aerogeneradores con un diseño vertical, paneles solares montados sobre un marco especial y baterías de litio-titanato. Durante el verano polar, la energía se utiliza para alimentar un electrolizador que separa el agua en oxígeno e hidrógeno, que se almacena en tanques de alta presión. Cuando llega el invierno, el hidrógeno se recombina con oxígeno en una pila de combustible para generar electricidad. El sistema puede funcionar durante 48 horas solo con la energía almacenada en forma de hidrógeno.