China ha avanzado significativamente en su programa espacial desde que Yang Liwei se convirtió en el primer astronauta chino en 2003. En poco más de veinte años, ha logrado llevar humanos al espacio, sondas a Marte y construir su propia estación espacial. El proyecto apunta a la autosuficiencia con tecnología propia, sin recurrir a licencias extranjeras. La Enmienda Wolf, aprobada en 2011, impidió a la NASA cooperar con entidades chinas en materia espacial, lo que incentivó a China a acelerar sus programas espaciales. La estación espacial china tiene tecnologías centrales con propiedad intelectual independiente y componentes de fabricación nacional. La clave está en los bloques críticos, como energía, control de actitud y soporte vital, que están bajo control nacional. Las rotaciones de tripulación y reabastecimientos se han cumplido sin señales de dependencia externa. Los vetos de EEUU han impulsado el desarrollo de chips nacionales más avanzados y mejoras en la movilidad eléctrica.