En la posguerra, la idea de dominar el tiempo parecía posible gracias a la energía atómica. La siembra de nubes se convirtió en una hipótesis seria para controlar huracanes. El Proyecto Cirrus y Stormfury intentaron modificar la trayectoria de huracanes mediante la siembra de yoduro de plata. En 1969, el huracán Debbie mostró una caída del 31% en la velocidad del viento después de la siembra. Sin embargo, los resultados fueron cuestionados debido a la variabilidad natural de los huracanes. El programa Stormfury se dio por terminado en 1983 y la evaluación oficial concluyó que los cambios atribuibles a la siembra eran indistinguibles de la variabilidad natural. A pesar del fracaso, el proyecto avanzó en la comprensión de la estructura de los huracanes y mejoró la precisión de los pronósticos. La idea de controlar el clima sigue siendo un tema de debate, con nuevos enfoques como los aerosoles marinos y la optimización con IA. La lección aprendida es que intervenir en un sistema caótico como un huracán requiere humildad y precaución.