Un fragmento de cohete ha caído en Australia, específicamente en el desierto de Pilbara, en el oeste del país. El objeto, que se cree que es parte del tanque de combustible o la etapa superior de un cohete, fue encontrado por trabajadores mineros y no causó daños ni heridos. La Ley del Espacio Exterior de 1967 establece que el país responsable del lanzamiento debe asumir los daños si un objeto espacial impacta la Tierra. Sin embargo, rastrear la procedencia exacta de los fragmentos y atribuir responsabilidades es extremadamente difícil. La órbita baja terrestre alberga más de 36.000 objetos mayores de 10 cm, según la Agencia Espacial Europea (ESA), y millones de fragmentos menores imposibles de rastrear. El incidente australiano se suma a otros recientes, como la caída de restos de un cohete chino Long March 5B en el océano Índico en 2022 y la hallazgo de fragmentos similares en Malasia y Filipinas en 2023. Las agencias espaciales han empezado a diseñar satélites y cohetes con protocolos de “fin de vida útil” para reducir la basura espacial. El proyecto europeo ClearSpace-1, previsto para 2026, busca retirar basura espacial de la órbita mediante un brazo robótico.