Las Islas Baleares se enfrentan a una grave escasez de agua, con el municipio de Sóller solo teniendo agua garantizada para 10 días. La situación es crítica, con Ibiza registrando sus peores reservas en una década y Menorca con un 40% de reservas. El turismo es señalado como culpable, con un informe de la Universitat de les Illes Balears indicando que el 25% del consumo total de agua se debe a los visitantes. El Govern balear ha puesto en marcha un plan de acción con 288 millones de euros para mejorar el suministro de agua, incluyendo la ampliación de desaladoras y la reutilización de aguas depuradas. Sin embargo, las desaladoras tienen un gran impacto energético y pueden dañar a los ecosistemas marinos. La situación es tan grave que se han decretado medidas de emergencia, como la prohibición de llenar piscinas con agua potable o regar jardines. Los residentes denuncian la falta de gestión y la priorización del consumo del visitante sobre las necesidades del residente.