La caza es una actividad que influye directamente en el mal estado de los montes, resta vida y limita a la naturaleza en general. La ausencia de rebaños y la muerte de animales silvestres como corzos, venados, ciervos, zorros, perdices, jabalíes, conejos, ardillas, topos y erizos, que cumplen una función conservacionista y regenerativa, agrava la situación. La caza ocasiona el 4,7% de los siniestros originados por incendiarios, lo que supone unos 2.600 incendios al año. La actividad cinegética también contamina el subsuelo y los acuíferos con plomo de sus cartuchos. Aunque la caza crea beneficios económicos, solo beneficia al 2% de la población que tiene licencia de caza. La caza es una actividad que perjudica a todos, ya que cada animal abatido es un individuo que deja de cumplir su función conservacionista y regenerativa en diferentes aspectos.