En el norte de Alaska, científicos han despertado microbios congelados en el permafrost durante 40.000 años. El equipo de la Universidad de Colorado Boulder, liderado por Tristan Caro, extrajo muestras de suelo congelado y las rehidrató en condiciones controladas. Después de varias semanas, los microorganismos comenzaron a mostrar signos de vida. El estudio, publicado en JGR Biogeosciences, confirmó que el permafrost no es un cementerio biológico, sino un archivo latente. Los microbios comenzaron a metabolizar materia orgánica atrapada durante milenios, liberando metano y dióxido de carbono. El coautor del estudio, Sebastian Kopf, destacó que estos microorganismos son una de las mayores incógnitas en la respuesta climática global. El deshielo del permafrost podría ser una puerta abierta hacia el pasado biológico, con consecuencias para el clima del planeta. Los investigadores descubrieron que la clave no estaba en los aumentos bruscos de temperatura, sino en la duración del calor. Un solo día cálido no bastaba para alterar el equilibrio del permafrost, pero semanas o meses de deshielo sostenido bastaban para activar la vida dormida.