Un equipo internacional de investigadores ha analizado un molar bovino datado en más de 4.000 años, recuperado en las excavaciones de Stonehenge, para reconstruir aspectos clave de la movilidad del ganado, la dieta y el contacto con contaminantes naturales como el plomo. El trabajo, publicado en Journal of Archaeological Science, combina distintos isótopos para afinar la interpretación arqueológica y abre una nueva ventana sobre las prácticas agropecuarias en torno a Stonehenge. La pieza estudiada procede de excavaciones realizadas en las inmediaciones del círculo megalítico y conserva en buen estado el esmalte y la dentina, lo que ha permitido aplicar análisis isotópicos de alta resolución. Los resultados sugieren que la vaca analizada se desplazó a lo largo de su vida por diferentes paisajes geológicos, lo que indica prácticas de pastoreo móvil más amplias de lo que se pensaba en el neolítico británico. La detección de plomo en concentraciones específicas apunta a que estos animales estuvieron expuestos a fuentes naturales de este elemento durante etapas tempranas, probablemente durante la lactancia. El hallazgo refuerza la idea de que Stonehenge no fue solo un centro ceremonial monumental, sino también un punto neurálgico de reunión donde confluían comunidades que trasladaban animales desde diferentes regiones.