En la cueva New Guinea II, en el sureste de Australia, se han encontrado marcas milenarias llamadas finger flutings, que son surcos dejados por dedos humanos sobre superficies blandas. Estas marcas son difíciles de detectar y conservar, y su estudio ha sido marginal hasta ahora. Un equipo interdisciplinar, junto a la comunidad aborigen local, ha utilizado técnicas fotogramétricas de alta resolución para capturar con detalle tridimensional estos trazos. Las marcas se encuentran en zonas de la pared que brillan tenuemente debido a diminutos cristales de calcita, y se cree que fueron realizadas de forma deliberada para tocar el poder de esos cristales. La cronología exacta de los grabados sigue siendo incierta, pero las investigaciones actuales incluyen análisis de micromorfología del suelo y extracción de ADN sedimentario. Los análisis apuntan al Holoceno, y se han encontrado partículas de carbón vegetal que están siendo datadas mediante técnicas avanzadas de luminiscencia y radiocarbono. El estudio busca entender cómo las personas del pasado habitaban lo sagrado, y se está trabajando con modelos digitales para medir con precisión las dimensiones de cada trazo. La investigación ha sido publicada en Arqueología australiana, y ha revelado una forma de arte íntima, sensorial y no visual, que requiere presencia física para ser comprendida.