Un equipo del Instituto de Historia de la Cultura Material de la Academia de Ciencias de Rusia ha descubierto una estructura fortificada de más de 6.000 años de antigüedad en las cercanías de la localidad de Ust-Lugá, bautizada como Kurovitsi-9. Los investigadores aseguran que se trata de una de las fortificaciones más antiguas jamás encontradas en Rusia. La elección del terreno indica que los habitantes de Kurovitsi-9 buscaban seguridad antes que comodidad. El análisis del terreno reveló que el asentamiento estaba protegido por una empalizada de madera y rodeaba un espacio suficiente para albergar a varias decenas de personas. Dentro del perímetro se identificaron hogares, chimeneas, restos de viviendas y fogatas, además de una notable cantidad de fragmentos de cerámica, adornos y herramientas. El arqueólogo Andréi Gorodílov detalló que el equipo excavó dos áreas de unos 600 metros cuadrados cada una, donde se hallaron los restos del canal defensivo que rodeaba la empalizada. Los artefactos recuperados pertenecen a la cultura de la cerámica perforada rómbica, propia de regiones más al norte, en Karelia. El hallazgo resulta especialmente importante porque desafía la idea tradicional de que las primeras fortificaciones surgieron en el norte de Europa miles de años después, durante la Edad de Bronce tardía.