La llegada masiva de la clase media china a Tokio ha dado lugar a un fenómeno inesperado y profundo llamado Run-ri. Esto se debe a la búsqueda de estabilidad, libertad personal y una vida más segura para sus hijos. La pandemia de 2020 y el confinamiento de Shanghái en 2022 actuaron como punto de inflexión psicológico. Tokio ofrece paz social, servicios médicos fiables, calles seguras y un sistema educativo abierto. El epicentro de esta transformación es Bunkyo, distrito que se ha convertido en polo educativo y residencial de esta nueva diáspora. El flujo de capital chino ha provocado un alza notable en los precios inmobiliarios de Tokio, especialmente en barrios exclusivos como Azabu, Aoyama o la bahía de Toyosu. Inmuebles en torres de lujo se venden hasta en un 20% a compradores con nombres chinos. Se estima que en 2025 los chinos en Japón alcanzarán el millón.