En Japón, la cultura laboral jerárquica y el presentismo hacen que muchos trabajadores tengan miedo de renunciar a sus puestos de trabajo. Una joven de 24 años, Yuki Watanabe, trabajaba 12 horas diarias en una empresa de telecomunicaciones y pagos electrónicos, y desarrolló problemas de salud. Debido al miedo a la reacción de su empleador, recurrió a una agencia de renuncias llamada Momuri, que cobra 150 dólares por presentar la dimisión y negociar con la empresa. Otras empresas como Exit y Albatross también ofrecen este servicio, y reciben más de 10.000 clientes al año. La cultura laboral en Japón es muy exigente, y los trabajadores suelen permanecer con un empleador durante décadas. La pandemia y la agitación socioeconómica han llevado a muchos trabajadores jóvenes a priorizar su salud mental y buscar ayuda para renunciar a sus puestos de trabajo.