La Unión Europea ha estado aplicando derechos compensatorios a los vehículos eléctricos chinos, lo que ha llevado a las empresas a buscar alternativas en países como Marruecos y Turquía. Estos países ofrecen mano de obra barata y tratados comerciales con la UE, lo que permite a las empresas chinas evitar los aranceles. La inversión en Marruecos asciende a 10.000 millones de dólares, mientras que en Turquía, empresas como Chery y BYD están invirtiendo en plantas de producción. La UE también ha destinado 1.000 millones de euros para el desarrollo del sector automotriz en Turquía. Turquía se está consolidando como un trampolín para la introducción de coches eléctricos en Europa, con una estimación de que será el cuarto mayor mercado de coches eléctricos en Europa en 2025. La competencia entre las empresas chinas y las locales puede ser un peligro para el crecimiento del ecosistema local.