En invierno, las calderas son una de las principales fuentes de gasto energético. Según Repsol, el consumo de una caldera de gas depende de factores como el tamaño de la vivienda y los hábitos de uso. Tres ajustes sencillos pueden suponer un importante ahorro: ajustar la temperatura del agua de suministro, programar la caldera y aprovechar el termostato, y realizar un mantenimiento anual. La temperatura del agua que circula por los radiadores debe ser entre 55 °C y 60 °C. La programación adecuada puede reducir el consumo en un 5%. Un mantenimiento anual completo evita averías costosas y garantiza que la caldera funcione a su máximo rendimiento. Para una familia de cuatro personas, el ahorro estimado es de un 13% del consumo, lo que se traduce en 7% menos de consumo al reducir la temperatura del agua de los radiadores, 3% menos al optimizar el agua caliente sanitaria y 5% menos con una programación adecuada.