El Rust Belt, una región industrial en declive en Estados Unidos, está experimentando un renacimiento gracias a la producción de drones y armas autónomas. Compañías como Swarm Defense Technologies y Anduril están invirtiendo miles de millones en fábricas de drones y armas autónomas en Ohio, Rhode Island y Misisipi. La expansión no se limita a un caso aislado, ya que startups como Regent y UXV Technologies también están instalando plantas en la costa de Nueva Inglaterra y Pensilvania. La política y la industria se entrelazan, ya que la Casa Blanca busca impulsar la defensa 'made in USA' como una cuestión de seguridad nacional y estrategia electoral. El presidente Trump ha convertido esta reindustrialización militar en una bandera política, imponiendo aranceles y restringiendo compras al extranjero. La producción de drones y armas autónomas está devolviendo la vida a los pueblos fabriles del Medio Oeste y el Noreste, con ciudades como Warren, North Kingstown y Auburn Hills volviendo a figurar en los mapas de la innovación. La automatización y la inteligencia artificial redefinen la noción de fábrica, con menos músculo y más código, menos ensamblaje y más calibración. Anduril, por ejemplo, construye en Ohio una instalación modular de cientos de miles de metros cuadrados, capaz de adaptar su producción a distintas plataformas bélicas y que empleará a unas cuatro mil personas.