Desde 2018, Estados Unidos impuso aranceles a China, lo que llevó a China a buscar nuevos aliados para la compra de soja. En este año, China selló un acuerdo para comprar 7 millones de toneladas de soja argentina, acompañado de un swap de divisas con el Banco Central por 20.000 millones de dólares. Esto generó preocupación en Estados Unidos, ya que los agricultores del Medio Oeste acumularon pérdidas y silos llenos. El gobierno de Javier Milei encontró en este cultivo una oportunidad política y financiera, eliminando temporalmente los impuestos a la exportación para facilitar la venta a China. La American Soybean Association acusó al gobierno estadounidense de 'financiar a un competidor', mientras legisladores demócratas y Bernie Sanders exigieron frenar el apoyo económico a Argentina. El Tesoro de EE.UU. anunció un acuerdo para fortalecer las reservas argentinas, intentando recuperar influencia frente al avance chino. La soja se ha convertido en una herramienta de poder y un actor distinto en el tablero de poder global, con América Latina como escenario de disputa.