China ha logrado un dominio casi absoluto en el sector de las baterías, produciendo el 57% de las destinadas a coches eléctricos. Empresas como CATL y BYD concentran más del 50% del mercado mundial. Sin embargo, Estados Unidos busca un contrapeso y parece haberlo encontrado en Corea del Sur. A finales de julio, LG Energy Solution firmó un contrato de 4.300 millones de dólares con Tesla para suministrar baterías de fosfato de hierro y litio durante tres años. El acuerdo, respaldado por el gobierno estadounidense, busca reducir la dependencia de CATL y BYD. La administración Trump ha lanzado una ofensiva directa: incluir a CATL, BYD y otros fabricantes chinos en la lista de entidades extranjeras prohibidas. El objetivo es claro: que ninguna empresa estadounidense pueda comprar baterías chinas si quiere acceder a las subvenciones estatales. China exportó en 2023 alrededor de 1,7 millones de vehículos eléctricos, un 30% de sus ventas de automóviles al exterior.