En el Amazonas, el pirarucu es un pez que puede medir más de dos metros y superar los 200 kilos. Su piel se ha transformado en un símbolo de lujo sostenible para la industria internacional de la moda. Un bolso fabricado con su cuero puede alcanzar los 5.000 reales, mientras que los pescadores reciben apenas 11 reales, poco más de dos dólares, por cada kilo capturado. La brecha es tan evidente como la paradoja que encierra: un modelo presentado como ejemplo de conservación que, sin embargo, deja a sus protagonistas en la pobreza. El pirarucu logró sobrevivir a la sobreexplotación y hoy es un emblema de conservación. Marcas como Dolce & Gabbana, Givenchy y Osklen fabrican zapatos, bolsos y accesorios con este cuero de patrón único. La brasileña Nova Kaeru concentra el 70% de las exportaciones, y su producción abastece a talleres de lujo en Estados Unidos, México y Europa. Los pescadores dependen de esa pesca estacional para ganar entre 3.000 y 5.000 reales en todo un año, el equivalente al precio de un solo bolso en las tiendas de lujo.