China ha impuesto a las empresas alemanas la obligación de entregar información sensible para seguir importando tierras raras, lo que supone una transferencia de inteligencia industrial a gran escala. Esto permite a Pekín reconstruir la dependencia de las empresas alemanas de un único proveedor y cómo se ramifica esa dependencia en cadenas posteriores de valor. Alemania acepta debido a que el 95% del suministro de tierras raras proviene de China, y rehusar equivaldría a parar la producción. El gobierno alemán no dispone de la misma visibilidad sobre sus propios campeones industriales, lo que crea una paradoja estratégica. China sabe más sobre la anatomía industrial alemana que la propia Alemania, y la asimetría informativa aumenta justo cuando el país se vuelve más dependiente del aprovisionamiento externo y más vulnerable a interrupciones selectivas. El mecanismo de licencias se inserta en una dinámica que trasciende el comercio, y Pekín replica usando su supremacía en materiales críticos para forzar concesiones europeas. La industria alemana es la más expuesta al denominado 'Second China Shock', que se refiere al giro de China de cliente clave a competidor con sobrecapacidad en automoción, baterías y solar.