China, líder en energía solar, produce casi el 90% de las células solares mundiales, pero su dominio ha generado un problema: precios bajos, pérdidas millonarias y exceso de producción. Entre 2020 y 2023, Pekín incentivó la producción, lo que resultó en una fabricación de 588 GW de células solares, superando la demanda mundial de 451 GW. Esto provocó un colapso de precios, con pérdidas de más de 60.000 millones de dólares y un descenso del polisilicio de grado solar a 50 yuanes por kilo. Las cinco mayores compañías fotovoltaicas redujeron sus plantillas en un 31%, lo que supone 87.000 despidos. Para solucionar esto, Pekín planea un fondo de al menos 50.000 millones de yuanes para adquirir y cerrar más de un millón de toneladas de capacidad de polisilicio. El objetivo es estabilizar precios y volver a la rentabilidad. La industria solar china ha invertido 3.400 millones de yuanes en I+D en el primer semestre de 2025 y mantiene casi 17.000 empleados dedicados a investigación. Sin embargo, se estima que habría que eliminar entre un 20% y un 30% de la capacidad de producción para que las empresas vuelvan a ser rentables.