La Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (Aedive) defiende una transición pactada hacia el eléctrico y advierte contra un fin abrupto en 2035. La industria automovilística europea, que emplea a más de 13 millones de personas, se enfrenta a una transformación estructural que va más allá del tipo de motor. La electrificación es ya una realidad imparable, pero el camino hacia 2035 no está exento de riesgos. Un calendario rígido sin adaptación a la situación industrial de cada país podría generar un efecto precipicio en el empleo y la producción. España, cuarto productor de vehículos en Europa, tiene un papel crucial en este proceso. La red de recarga pública sigue lejos de los objetivos europeos, y el mercado doméstico de eléctricos apenas representa un 7% de las ventas totales. La transición energética en el automóvil europeo no puede limitarse a un cambio de tecnología, debe implicar una estrategia industrial coherente. Europa necesita producir baterías, chips y materiales críticos en su propio territorio para reducir su dependencia de Asia.