La ciudad china de Tianshui, en la provincia de Gansu, conserva 718 fortificaciones que hablan de guerras pasadas y la capacidad de sus habitantes para transformar las defensas en símbolos culturales. Un estudio publicado en Humanities and Social Sciences Communications analiza la distribución espacial de estos fortines, su relación con el medio natural y el modo en que se integraron en la vida cotidiana. Los autores subrayan que estas estructuras no fueron castillos estatales ni fortalezas de élite, sino asentamientos defensivos de carácter popular. El análisis muestra que el emplazamiento de los fortines respondió a factores naturales y humanos, como el relieve, los cursos de agua y los caminos. Más del 85% de las fortificaciones se encuentran a menos de 500 metros de un núcleo habitado, y el 99% está situado entre los 1.000 y los 2.200 metros sobre el nivel del mar. Las fortificaciones tienen una superficie media de 5.338 metros cuadrados, y su perímetro total es de 195 kilómetros. El estudio concluye que las fortalezas de Tianshui no pueden entenderse solo como vestigios militares, sino como un ejemplo de cómo las comunidades locales moldearon su entorno para protegerse y generar un paisaje cultural único.