Con el otoño en marcha, los montes españoles se llenan de aficionados dispuestos a buscar setas. Los expertos advierten que buscar setas es una delicia, siempre que se haga con cabeza. Los boletus y níscalos prefieren los pinares húmedos, mientras que los rebozuelos se dan mejor en hayedos o robledales con algo de pendiente. Los días ideales son los que siguen a una lluvia suave y con temperaturas frescas, pero sin heladas. Los veteranos recomiendan madrugar y mirar bien entre la hojarasca, porque las setas crecen disimuladas. Cada año, los hospitales atienden decenas de intoxicaciones por confusión entre especies. Los micólogos son claros: si no la conoces, no la cojas. Algunas setas, como la Amanita phalloides, pueden ser mortales con una sola pieza. Para evitar sustos, conviene ir con una guía de campo actualizada o con una app micológica fiable, y si es posible, acompañados de alguien con experiencia. Los expertos aconsejan usar una navaja y cortar el tallo sin arrancar la raíz, para no dañar el micelio que permite que vuelvan a crecer. Luego se guardan en cestas de mimbre, nunca en bolsas de plástico, que las asfixian y estropean.