Tamara de Lempicka, nacida en Varsovia, Moscú o San Petersburgo, fue una artista que se creó a sí misma. Se crió en un entorno femenino fuerte y viajó a Roma y Florencia, donde se enamoró del arte. Estudió arte y pintó en la época de entreguerras, rodeada de glamour y lujo. Se casó con el aristócrata Tadeusz Lempicki y luego con el barón judío Raoul Kuffner. Emigró a Estados Unidos y luego a México, donde vivió sus últimos años. Fue una mujer única, que vivió y pintó a contracorriente, y que se reinventó una y otra vez. Su arte fue olvidado, pero después de su muerte, en 1980, sus obras comenzaron a valorarse. La biógrafa Laura Claridge afirma que Tamara de Lempicka fue una de las pintoras con más fuerza del siglo XX y que ha sido una de las más olvidadas. Su bisnieta, Marisa de Lempicka, dice que fue una mujer hecha a sí misma, que hoy sería una estrella en Instagram. Tamara de Lempicka vivió y pintó con intensidad, teatralidad y belleza, y su legado es un recordatorio de que siempre podemos elegir ser libres y ser quienes queremos ser.