Durante más de tres mil años, Egipto construyó su inmortalidad bajo tierra con templos, hipogeos y pirámides. Sin embargo, los ladrones de tumbas hicieron de las necrópolis un negocio clandestino y peligroso. Los primeros saqueos del Más Allá se remontan a la época predinástica, hacia el 3000 a.C. Los faraones perfeccionaron la arquitectura funeraria, pero la codicia se adaptó. El Valle de los Reyes fue creado para mantener el secreto, pero las tumbas fueron saqueadas una y otra vez. Los momentos de crisis política eran el terreno fértil del saqueo. Los castigos por profanar tumbas incluían mutilaciones, palizas, marcas al fuego y la empalación pública. El peor castigo era la empalación pública, reservado para quienes quemaban las momias. Los ladrones de tumbas, como Amonpanefer, describieron sus incursiones con frialdad. Los papiros de los juicios mencionan castigos brutales y la justicia podía comprarse con oro robado a los muertos.