Los macrofestivales generan impactos negativos en los animales salvajes que habitan en las zonas donde se celebran. La contaminación acústica y lumínica, los fuegos artificiales y la infraestructura pueden causar estrés, muerte y daño a los animales. En Reino Unido, un estudio mostró que la música estruendosa reducía la actividad de ciertos murciélagos en un 50%. En Almería, varias gacelas mohor y arruís saharauis murieron debido al estrés causado por el Festival Alamar en 2024. La Ley estatal de Bienestar Animal y la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad prohíben los espectáculos que generen angustia o sufrimiento a animales. En 2022, el festival MEO arrasó más de 18.000 m² de vegetación dunar en la costa portuguesa. La basura generada por los festivales también afecta a los animales, con más de 700 toneladas de residuos en 2022. Las administraciones locales y autonómicas pueden establecer zonas de exclusión y limitar aforos y horarios para minimizar el impacto.