Un estudio arqueológico ha descubierto que los niños de la civilización maya llevaban incrustaciones dentales de jade, lo que demuestra que esta práctica no estaba restringida a los adultos. Los análisis radiográficos y de tomografía computarizada confirmaron que los dientes aún estaban en desarrollo, lo que permitió estimar que los individuos tenían entre 7,5 y 10 años en el momento de la muerte. La tradición maya de modificar los dientes era una práctica común, con cerca del 60% de los adultos presentando algún tipo de modificación dental durante el periodo Clásico (250-900 d.C.). Las incrustaciones de jade requerían una notable pericia técnica y conllevaban riesgos significativos para la salud, pero el uso de cementos orgánicos ayudaba a reducir esos peligros. El estudio se centra en tres piezas dentales conservadas en la colección ósea prehispánica del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), y los resultados demuestran que la ornamentación dental no estaba restringida a los adultos, sino que también se practicaba en niños.