La Iglesia utilizó estrategias acomodantes para expandir su influencia en Europa, especialmente en el norte del continente, donde el paganismo estaba arraigado. La apropiación de los espacios sagrados paganos, como bosques, piedras y templos, fue un mecanismo eficaz para conquistar el paganismo. La Iglesia construyó iglesias y capillas sobre antiguos templos y altares paganos, manteniendo la arquitectura y los lugares de culto, lo que permitió a la población mantener su conexión con lo sagrado. La estrategia simbólica se complementó con campañas militares, como las Cruzadas del Norte, y la presión política para aceptar el bautismo. Lituania y Letonia fueron los últimos territorios que se resistieron al cristianismo, hasta fines del siglo XIV. La catedral de Vilna, construida sobre un antiguo templo pagano, es un ejemplo de la continuidad entre la religiosidad pagana y cristiana. La estrategia de la Iglesia permitió una transición cultural profunda, tocando lo tangible: los lugares, los rituales y la memoria.