Onfim, un niño del siglo XIII, vivió en Nóvgorod, una ciudad próspera de la Rus medieval. Gracias a sus ejercicios escolares y dibujos grabados sobre corteza de abedul, se pueden vislumbrar fragmentos de su mundo íntimo. Se conservan 17 fragmentos atribuidos a Onfim, 12 de ellos combinan escritura y dibujo. Onfim tenía entre 6 y 7 años cuando realizó sus escritos. La corteza del abedul se utilizó en la Edad Media como soporte de escritura. Los niños, comerciantes y artesanos la usaban para practicar el alfabeto o hacer anotaciones. Onfim se ejercitó en la escritura del alfabeto cirílico y el silabario, y escribió frases religiosas y oraciones. Sus dibujos revelan un mundo fantástico de héroes y bestias. La obra de Onfim ha permitido comprender mejor la difusión de la escritura en la sociedad rusa medieval. La alfabetización temprana estaba integrada en la vida cotidiana como parte de la educación práctica y religiosa.