La sombrilla tiene un origen en la antigua China, en el siglo XI antes de Cristo, donde se utilizaba para encumbrar a dirigentes. En el antiguo Egipto, se utilizaba alrededor del 2.450 a.C. y tenía un uso funcional y ceremonial. En la Antigua Roma, su uso se concretó a la mujer y se utilizaba en comedia para hacer burla de los hombres. En el siglo XVII, la sombrilla se popularizó en los países mediterráneos y entre la nobleza, gracias en parte al mercader parisino Jean Marius, que contó con el beneplácito del rey Luis XIV. La sombrilla se elaboraba con materiales de lujo como seda, encaje o muselina y se reservaba a las elites, en concreto a las mujeres de clase alta. Con la entrada del siglo XX, la moda del bronceado impuso la necesidad de exponerse al sol y la sombrilla cayó en desuso, quedando relegada a su uso en la playa, en balcones o terrazas. La sombrilla fue incluso más popular en su origen y después del siglo XVII que el paraguas, pero este se impondría con un uso más práctico y personal.