Olivia de Miguel, Premio Nacional de Traducción, sigue trabajando a los 77 años. Aunque la inteligencia artificial amenaza su profesión, cree que un robot no puede tener la sensibilidad necesaria para traducir a grandes autores. De Miguel ha tenido una vida marcada por desafíos, como renunciar a sus sueños y separarse de su pareja cuando era joven. Sin embargo, la traducción le ha permitido ser libre y encontrar gozo en su trabajo. Ha traducido a autores como Jane Austen y Virginia Woolf, y cree que la literatura ha sido su tabla de salvación. De Miguel también ha perfeccionado su inglés viajando a Dublín y ha trabajado como profesora de Inglés en secundaria. Aunque reconoce que el oficio de traductor es sacrificado, cree que es un proceso creativo que requiere dialogar con el texto y entender lo que el autor quiere decir.