La Batalla de Anzen, librada el 22 de julio del 838, fue un enfrentamiento entre el Imperio Bizantino y el Califato Abasí. El emperador bizantino Teófilo comandó a entre 25.000 y 40.000 hombres contra una fuerza abasí al mando del príncipe iraní al-Afshin. A pesar de tener la ventaja, Teófilo decidió reforzar uno de los flancos personalmente, lo que supuso un giro en la dinámica de la batalla. Las tropas bizantinas pensaron que su líder había muerto y se desmoralizaron, lo que llevó a una desbandada en las filas. La caballería turca realizó un contraataque, exacerbando el caos. Teófilo y su guardia personal se escabulleron entre las líneas enemigas, pero la derrota en Anzen allanó el camino a Amorio para las tropas de al-Afshin. La ciudad fue saqueada, lo que supuso un golpe para el Imperio Bizantino. La derrota se debió a la descoordinación de las tropas y la importancia de la figura de mando. La Batalla de Anzen es un ejemplo de cómo un error de estrategia puede llevar a la derrota, incluso cuando se tiene la ventaja.