Santiago el Mayor, discípulo cercano a Jesús, llegó a Hispania después de la muerte de Jesucristo y predicó en tierras que hoy pertenecen a Galicia. Aunque no existen pruebas documentales de su paso, la leyenda asegura que recorrió esta región antes de regresar a Palestina, donde fue ejecutado por orden del rey Herodes Agripa I en el año 44 d.C. Los discípulos Teodoro y Atanasio trasladaron su cuerpo en una barca de piedra hasta la costa norte de la actual Galicia, donde fue enterrado. Ocho siglos después, el ermitaño Pelayo encontró la tumba y la noticia se propagó por el reino asturiano, atrayendo peregrinos desde todos los rincones de Europa medieval. El Camino de Santiago nació así, una ruta que uniría fe, cultura y aventura. La reina Lupa, gobernante pagana, se convirtió al cristianismo después de un milagro y ofreció un sepulcro digno al Apóstol. La tradición asegura que la fuente donde fue enterrado Santiago aún existe en la actual Rúa do Franco de Santiago de Compostela. El hallazgo de la tumba en el año 813 cambió la historia de Galicia y dio lugar a la creación del Camino de Santiago, que más de mil años después sigue vivo.