En las montañas de Xochistlahuaca, en la costa de Guerrero, México, se encontró una cancha de juego de pelota mesoamericana en un estado excepcional, en la ciudad de Paso Temprano, que data de más de 1.200 años de antigüedad. La cancha, de 49 metros de largo por 8 de ancho, es un recinto sagrado que articulaba la vida urbana, política y espiritual de la región. Los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hallaron altares lisos, cámaras anexas y estructuras secundarias, lo que sugiere que en torno al juego se realizaban ceremonias y sacrificios. El diseño de la cancha revela una intención precisa: no solo servía para el juego ritual, sino que organizaba la ciudad entera. El arqueólogo Miguel Pérez Negrete resume que en Paso Temprano, el juego de pelota no era un deporte, sino una forma de gobierno y de fe. La ciudad fue fundada probablemente por pueblos mixtecos o amuzgos, y su topografía abrupta indica un contexto de conflicto regional o defensa ritualizada. El INAH trabaja en un plan de conservación para proteger el sitio y eventualmente abrirlo al público.