La comida callejera en Roma ha sido una constante a lo largo de los siglos, desde la época del Imperio romano hasta la actualidad. En la Roma imperial, los thermopolia y tabernae ofrecían platos listos para el consumo inmediato, mientras que en la Edad Media, los mercados al aire libre y las ferias se convirtieron en los principales puntos de venta y consumo. El pan ha sido un alimento básico en la dieta romana, y su consumo en la calle ha sido una práctica común. La tradición de comer en la calle ha sobrevivido a lo largo de los siglos, adaptándose a los cambios políticos y económicos. En la actualidad, los locales que sirven pizza al taglio, supplì y focaccia son herederos directos de la tradición de comer en la calle. La comida callejera romana refleja la vida cotidiana en la ciudad, las desigualdades sociales y la dinámica de una ciudad en movimiento. Según Karima Moyer-Nocchi, en su libro 'The Eternal Table: A Cultural History of Food in Rome', la comida callejera ha sido una parte integral de la cultura romana. La ciudad de Roma ofrece la posibilidad de sentarse en una plaza actual y sentir que se participa de una tradición tan antigua como la propia ciudad, con más de dos mil años de historia.