Comer ostras es un arte con normas que transforma la experiencia de un simple bocado en una ceremonia gastronómica. El primer paso es abrir la ostra con un abreostras, un cuchillo pequeño y robusto, y hacerlo justo antes de comerla para conservar su frescura. La técnica de degustación indica que se tome la media concha, se sujete firmemente y se compruebe que la carne se ha desprendido por completo. Luego, se acerca la concha a la boca y se desliza la ostra junto con su jugo, dejándola caer suavemente sobre la lengua. Cada ostra tiene su carácter, como las de Arcade, delicadas, o las bretonas, más carnosas. Los acompañamientos clásicos son un chorrito de limón natural o unas gotas de mignonette, y se pueden servir sobre una cama de hielo picado. El maridaje pide burbujas, como un champagne brut o un albariño gallego.