Desde 2012, enormes cráteres han aparecido en el permafrost de Siberia, desconcertando a la comunidad científica. Un estudio liderado por Helge Hellevang propone que la formación de estos cráteres está vinculada a condiciones geológicas y climáticas particulares de la zona. El modelo se basa en un proceso en cadena donde el gas natural se desplaza hacia arriba, transportando calor, y provoca un debilitamiento del permafrost. La presencia masiva de gas natural, la baja profundidad de la capa de permafrost y un terreno geológicamente propenso a la acumulación de gases convierten a estas penínsulas en el escenario ideal para este tipo de fenómeno. Los cráteres pueden tener hasta 50 metros de profundidad y se llenan rápidamente de agua, hielo derretido y sedimentos, transformándose en lagos que a simple vista parecen comunes. El equipo de Hellevang planea llevar a cabo trabajos de campo y simulaciones más detalladas para verificar la validez de sus conclusiones.