Hace 6,2 millones de años, el Mar Rojo se secó por completo, convirtiéndose en un desierto de sal sin vida ni conexión oceánica. La cuenca se transformó en un valle de la muerte geológico, aislado y sin posibilidad de albergar vida marina. Sin embargo, un torrente del océano Índico rompió su barrera natural y lo inundó de golpe, resucitando el mar en menos de 100.000 años. La investigación, basada en datos sísmicos y microfósiles, reconstruye un cataclismo que cambió la región para siempre. El Mar Rojo no es solo una reliquia del pasado, sino un laboratorio natural para estudiar la apertura de océanos. Su fondo marino sigue expandiéndose, su corteza es joven y sus márgenes están cargados de estructuras salinas inestables. Los científicos de la Universidad KAUST han demostrado que el estrecho de Bab el-Mandeb, bloqueado por una barrera volcánica, cedió ante la fuerza de un megaflujo oceánico, esculpiendo un cañón submarino de 320 kilómetros. Las pruebas están en los sedimentos, donde aparecen microfósiles marinos de ambientes abiertos, fechados en 6,2 millones de años, y capas estériles de sales debajo. El Mar Rojo enfrenta una amenaza distinta, no tectónica, sino humana, ligada al calentamiento global y al estrés ambiental.