Un estudio geoespacial liderado por Davide Salaris, del McDonald Institute for Archaeological Research de la Universidad de Cambridge, ha demostrado que el Camino Real persa fue un instrumento esencial para la movilidad logística del poder imperial. El estudio revela que la red viaria persa fue diseñada para permitir los desplazamientos estacionales de la corte aqueménida, que incluían la movilización de miles de personas, animales de carga y carros. El investigador utilizó modelos de información geográfica (SIG) para reconstruir las rutas más probables que unieron Susa y Persépolis, dos de las principales capitales del Imperio persa entre los siglos VI y IV a.C. El análisis estableció un umbral máximo de pendiente del 8% y penalizó las pendientes más pronunciadas, lo que permitió obtener un retrato topográfico realista del esfuerzo necesario para mover el convoy imperial. El estudio también validó los resultados de la simulación digital con yacimientos arqueológicos que se han identificado como posibles estaciones de paso. El Camino Real fue un instrumento de control político y territorial, ya que mover la corte equivalía a desplegar la presencia física del rey en sus dominios. El estudio de Salaris redefine la función de los caminos persas como ejes de articulación del imperio.