Investigadores del Instituto de Medicina Evolutiva de Zúrich creen que una incompatibilidad genética en la sangre, específicamente en el gen PIEZO1, pudo haber impedido que nacieran descendientes híbridos de neandertales y Homo sapiens. El gen PIEZO1 regula la capacidad de los glóbulos rojos para retener oxígeno, lo que fue una ventaja para los neandertales en entornos fríos. Sin embargo, cuando se cruzaban con Homo sapiens, esta diferencia se volvía en su contra, causando problemas en la oxigenación del feto y posibles abortos espontáneos o hipoxia durante el embarazo. El equipo dirigido por Patrick Eppenberger descubrió que las mujeres híbridas enfrentaron problemas en la oxigenación del feto, lo que podía causar abortos espontáneos o hipoxia durante el embarazo. El gen PIEZO1 habría actuado como un freno evolutivo, reduciendo poco a poco la fertilidad de las poblaciones híbridas hasta hacerlas insostenibles. John Hawks, antropólogo de la Universidad de Wisconsin, comparó este proceso con el conocido factor Rh, una incompatibilidad sanguínea que aún hoy puede poner en riesgo embarazos humanos si no se controla médicamente. April Nowell, arqueóloga de la Universidad de Victoria, describe este hallazgo como una pieza esencial del rompecabezas evolutivo.