Hace 56 millones de años, la Tierra experimentó un episodio de calentamiento global abrupto que alteró la relación entre plantas y polinizadores. Durante miles de años, enormes cantidades de carbono se acumularon en la atmósfera y los océanos, provocando un aumento medio de la temperatura global de 6 °C. Un equipo de investigadores analizó fósiles de polen en la cuenca de Bighorn, Wyoming, y encontró que la polinización animal ganó protagonismo mientras que la polinización por viento se redujo. El estudio revela que plantas adaptadas a climas más cálidos y secos se desplazaron hacia latitudes más altas, colonizando la cuenca de Bighorn. Los datos concuerdan con estudios previos que mostraban cómo este episodio climático forzó un desplazamiento hacia el norte de especies y hábitats. La investigación añade que no solo cambió la distribución geográfica, sino también la estructura de las interacciones ecológicas, favoreciendo a las especies y ecosistemas basados en la polinización animal. El estudio plantea un mensaje de advertencia para el presente, destacando que la velocidad de los cambios climáticos es determinante para la supervivencia de las especies. La aceleración actual de las emisiones de gases de efecto invernadero y el ritmo de aumento de temperaturas superan con creces lo ocurrido hace 56 millones de años, lo que aumenta el riesgo de extinción y de pérdida irreversible de funciones ecológicas clave, como la polinización.