Los agujeros negros, gracias a la interferometría global y la simulación numérica, se convierten en laboratorios naturales para estudiar la gravedad. El Telescopio del Horizonte de Eventos (EHT) ha publicado nuevas imágenes que permiten comparar observaciones reales con teorías rivales de la relatividad general. Los científicos buscan medir la validez del pensamiento de Einstein y entender cómo el espacio-tiempo almacena y transforma la información. Un estudio publicado en Nature Astronomy demuestra que diferencias de apenas un 2% o 5% en el radio de la sombra de un agujero negro bastarían para distinguir cuál teoría describe mejor el cosmos. El EHT combina radiotelescopios repartidos por varios continentes, creando un instrumento virtual del tamaño del planeta. La próxima generación del proyecto podría alcanzar una precisión de una millonésima de segundo de arco, equivalente a ver una moneda en la superficie de la Luna desde la Tierra. Los agujeros negros se forman cuando una estrella masiva colapsa bajo su propio peso, generando un punto de densidad infinita: la singularidad. Un equipo de astrónomos ha descubierto un chorro de agujero negro tan grande como dos veces todo el tamaño de la Vía Láctea, es decir, que tiene 200 mil años luz, y que además se formó cuando el universo tenía menos de 1.200 millones de años. Las matemáticas que describen los agujeros negros están inspirando avances en computación cuántica, procesamiento de información y teorías del caos.