La Agencia Espacial Europea (ESA) realizó una simulación de una tormenta solar catastrófica, similar al evento Carrington de 1859, para evaluar su capacidad de respuesta. La simulación mostró que una llamarada solar de clase X45 podría apagar los sistemas GPS, Galileo y radares de comunicación en apenas 8 minutos. Diez minutos después, partículas cargadas alterarían la electrónica de los satélites, corrompiendo datos y provocando fallos en cadena. Un eyección de masa coronal impactaría la magnetosfera terrestre 15 horas más tarde, causando auroras boreales visibles en latitudes bajas, apagones masivos y un aumento en la densidad atmosférica que alteraría las trayectorias de los satélites. La ESA trabaja en nuevos sistemas de alerta temprana, como el sistema distribuido D3S y la misión Vigil, para ganar horas críticas de aviso y ejecutar protocolos de protección. La simulación mostró que incluso con tecnología moderna, una tormenta solar del calibre de 1859 tendría consecuencias globales inmediatas y que ningún satélite estaría a salvo. La ESA concluyó que no se trata de si ocurrirá, sino de cuándo, y que debemos prepararnos para reducir el daño al mínimo.