El autor del artículo relata su experiencia con un terraplanista en una casa rural en Salamanca, donde se dio cuenta de que la confianza en las verdades reveladas es fundamental. El terraplanista no se fiaba de las supuestas verdades científicas y prefería creer en teorías conspirativas. El autor destaca que cualquier teoría conspirativa tiene razón en que la gente delega la construcción de sus creencias en confianzas no verificadas. La conclusión es que el hecho de creer en algo se resume en quién confías. Se menciona la Teoría de la Cognición Cultural de Ricardo Colmenero, que afirma que la sociedad moderna ya no evalúa los hechos científicos de manera racional. El autor se pregunta quién puede interesar que esto ocurra y si se puede llamar conspirar a promoverlo.