En el océano Antártico, el fitoplancton es la base de la cadena alimenticia que sostiene a las ballenas azules. El krill antártico, que mide entre 1 y 6 centímetros, se alimenta de fitoplancton y puede reproducirse y concentrarse en enjambres masivos, llegando a reunir hasta 500 millones de individuos. Las ballenas azules dependen casi exclusivamente del krill para sobrevivir, y en temporada alta, una sola ballena azul puede consumir hasta cuatro toneladas de krill al día. El krill es fundamental para muchas otras especies del ecosistema antártico, como pingüinos, focas y aves marinas. La biomasa total de krill en el océano Antártico varía entre 300 y 500 millones de toneladas en un año promedio. La pesca comercial de krill y el cambio climático amenazan el equilibrio de la cadena alimenticia. La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) regula la pesca de krill, pero es esencial comprender y valorar la importancia de cada eslabón del ecosistema para garantizar la supervivencia de las especies y la estabilidad del ecosistema antártico.