Un grupo de investigadores arrojó el cadáver de una vaca al mar de China Meridional para estudiar la fauna carroñera. A 1.629 metros de profundidad, ocho tiburones dormilones del Pacífico se acercaron al cadáver, lo que sugiere que esta especie podría tener una distribución más amplia de lo que se pensaba. Los tiburones mostraron una organización social con jerarquías y conductas que minimizan el conflicto. El descubrimiento también plantea interrogantes sobre si estos tiburones llegaron desplazados por el cambio climático o han estado ahí siempre sin ser detectados. El experimento atrajo una rica comunidad de organismos abisales, incluyendo peces caracol, anfípodos y otras especies oportunistas. La variedad sugiere que las profundidades tropicales podrían ser más ricas en biodiversidad de lo que tradicionalmente se ha creído. Los tiburones más grandes, de hasta 2,7 metros, se mostraban más agresivos, mientras que los pequeños rodeaban cautelosamente la carroña. El descubrimiento demuestra que incluso en un planeta ampliamente explorado, basta una idea audaz para iluminar lo invisible.