La NASA detectó vibraciones anómalas en el cohete Artemis I, lo que podría representar un riesgo para la seguridad de los astronautas en el próximo vuelo tripulado del Artemis II. Para solucionar este problema, los ingenieros de la NASA utilizaron un túnel de viento y modelos a escala del cohete recubiertos con pintura sensible a la presión no estacionaria (uPSP). Esta pintura brilla con diferente intensidad según la presión del aire que la rodea, lo que permite captar información detallada de cómo se comporta el flujo en cada rincón de la superficie del modelo. Los ingenieros procesaron los datos en superordenadores y visualizaron las áreas con mayor concentración de oscilaciones peligrosas en una pantalla llamada «hyperwall». La solución encontrada fue agregar cuatro aletas delgadas llamadas «strakes» cerca de los puntos de unión delanteros de los propulsores, lo que reduce de forma significativa las vibraciones generadas en el cuerpo del cohete. Las pruebas en el túnel de viento confirmaron su efectividad. Las piezas, de aproximadamente dos metros de longitud, serán instaladas por Boeing en el Centro Espacial Kennedy antes del despegue de Artemis II. La misión Artemis II representa el primer vuelo tripulado del programa Artemis, con el objetivo de llevar astronautas alrededor de la Luna antes de futuras misiones de alunizaje.