Surtsey emergió del océano en noviembre de 1963 como resultado de una erupción volcánica, alcanzando más de un kilómetro de longitud y 174 metros de altura. En 1965, el gobierno islandés decretó que la isla sería intocable, permitiendo solo a un puñado de científicos ingresar bajo estrictas reglas. La isla se convirtió en un laboratorio natural, donde los biólogos observaron cómo la vida conquistaba lo imposible. En 1965, se encontró una diminuta planta marina, y luego llegaron semillas arrastradas por el viento y restos vegetales depositados por las olas. La llegada de las aves en los años 80 cambió todo, fertilizando el suelo con sus excrementos y permitiendo el crecimiento de nuevas especies de plantas y pequeños animales. La isla se cubrió de manchas verdes, y los científicos registraron el milagro paso a paso. Sin embargo, el mar ha comenzado a desgastar la base de la isla, y se estima que hacia fines de este siglo, gran parte podría quedar nuevamente sumergida.